La masacre de Capaci: 23 de Mayo de 1992

La sensación de estar entre los principales objetivos de la delincuencia organizada nunca ha abandonado al juez de Palermo, Giovanni Falcone, desde que se dictó la primera sentencia del maxiproceso “Cosa Nostra” en diciembre de 1987, que había dado lugar a la condena de 360 acusados, entre afiliados y jefes fugitivos peligrosos. Un resultado obtenido con años de investigaciones llevadas a cabo por él y los demás miembros del “grupo antimafia.” A dejarlo completamente solo no es sólo la mafia, sino los propios círculos judiciales, que están desafiando sus métodos y su conducta con testigos de la justicia.

Sospechas y calumnias que le hacen sentirse cada vez más aislado y vulnerable a los peligros que le acechan. El primero se llevó a cabo en su villa en Addaura, cerca de Mondello, el 20 de junio de 1989, cuando un agente de escolta encontró un bolso con cincuenta y ocho cartuchos de dinamita en las rocas.

El clima de aislamiento de sus colegas, combinado con la presión de las instituciones centrales preocupadas por su seguridad, lo convencieron en 1991 de abandonar Sicilia y aceptar el puesto de jefe de la Sección de Asuntos Penales del Ministerio de Justicia, presidido por Claudio Martelli. Con este último se comprometió a llevar a cabo un proyecto que apreciaba desde hacía tiempo: la “Superprocura Antimafia”.

La idea de una coordinación nacional entre los fiscales que participan en la lucha contra la “Cosa Nostra” divide el poder judicial entre los que están a favor y los que están en contra (entre ellos el querido amigo Paolo Borsellino), pero pone de acuerdo a los que están del otro lado de la barricada, que ahora ven en Falcone a un enemigo que hay que derribar. Por orden del jefe de la cúpula, llamado Totò Riina, se planeó un ataque armado en Roma contra el magistrado y el ministro Martelli en febrero de 1992, también
para enviar una fuerte señal al Estado.

El proyecto se pospuso porque, mientras tanto, se habían cumplido las condiciones para otro asesinato: el del diputado de DC Salvo Lima, asesinado el 12 de marzo de 1992. Poco más de dos meses después se materializa un plan criminal, uno de los más atroces de la historia republicana. El sábado 23 de mayo a las 17.40 horas, Falcone y su esposa, Francesca Morvillo, aterrizan en el aeropuerto de Punta Raisi en Palermo. Desde aquí continúan a bordo de tres Fiat Croma blindados, uno de los cuales es conducido por el mismo magistrado con su esposa a su lado, escoltado por los otros dos con seis agentes dentro.

Unos minutos después de tomar la autopista A29, cerca de la salida de Capaci, una mano asesina acciona un control remoto a distancia de 500 kilos de explosivo, escondido en una alcantarilla de la autopista. Las manecillas del reloj marcan las 17.56 cuando el Instituto de Geofísica registra la tremenda explosión. Un cuarto de hora más tarde, llegan los primeros auxilios y el escenario frente a ellos es escalofriante: el asfalto ya no está allí y en su lugar hay una fosa de treinta metros de ancho y ocho de profundidad, que contiene una masa confusa de escombros, chapas y cuerpos. Catapultado a cinco metros se encuentra el coche de la escolta, con los cuerpos sin vida de los agentes Antonio Montinaro, Rocco D Cillo y Vito Schifani en el interior. Se encuentra partido en dos el coche con la pareja aún viva, y es transportada urgentemente al Hospital Cívico de Palermo. Aquí, después de casi dos horas de agonía,
Falcone muere y tres horas después su esposa Francesca. Los otros tres agentes y algunas personas que se encontraron pasando por esos momentos trágicos logran salvarse de las heridas y los traumas.

Las noticias se difundieron en los noticieros nacionales y una sensación de profunda consternación se extendió por todo el país. El desaliento de haber perdido un símbolo de la lucha contra la Cosa Nostra fue sustituido por la ira contra los políticos, expresada sobre todo en el funeral de las víctimas de Capaci, celebrado en la catedral de Palermo y al que asistió el recién elegido Presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro. Una ceremonia conmovedora que quedó impresa en la memoria colectiva, en particular por el mensaje de la viuda Schifani dirigido a los mafiosos.

Una interceptación telefónica pondrá inmediatamente a los investigadores en el buen camino, en la búsqueda de los principales y ejecutores, identificados en Bernardo Brusca, Bernardo Provenzano y Totò Riina (los dos últimos capturados en 1993 y 2006 respectivamente). En 2012 el pescador Cosimo D’Amato será arrestado, acusado de haber obtenido el TNT usado para la detonación, obteniéndolo de los artefactos de guerra de la Segunda Guerra Mundial recuperados en el fondo marino de Sicilia.


Strage di Capaci: 23 Maggio 1992

La sensazione di essere tra i principali bersagli della criminalità organizzata non ha mai abbandonato il giudice palermitano Giovanni Falcone, da quando nel dicembre 1987 era arrivato a sentenza il primo maxiprocesso a “Cosa Nostra”, che aveva portato alla condanna di 360 imputati, tra affiliati e pericolosi boss latitanti. Un risultato ottenuto con anni di indagini condotte da lui e dagli altri componenti del pool antimafia.

A fare terra bruciata attorno a lui non è solo la mafia, bensì gli stessi ambienti giudiziari, che contestano i suoi metodi e la sua condotta con i testimoni di giustizia. Sospetti e calunnie che lo fanno sentire sempre più isolato e vulnerabile rispetto ai pericoli in agguato. Il primo viene messo in atto nella sua villa all’Addaura, presso Mondello, il 20 giugno del 1989, quando un agente della scorta rinviene sugli scogli un borsone con cinquantotto candelotti di dinamite.

Il clima di isolamento dei colleghi, unito alle pressioni delle istituzioni centrali preoccupate della sua incolumità, lo convincono nel 1991 ad allontanarsi dalla Sicilia e ad accettare l’incarico di dirigere la sezione Af ari Penali del ministero di Grazia e Giustizia, presieduto da Claudio Martelli. Con quest’ultimo s’impegna a portare a termine un progetto che ha a cuore da tempo: la
Superprocura antimafia.

L’idea di un coordinamento nazionale tra le procure impegnate nella lotta a “Cosa Nostra” spacca la magistratura tra favorevoli e contrari (tra questi il caro amico Paolo Borsellino), ma mette d’accordo quelli dall’altra parte della barricata, che vedono ormai in Falcone un nemico da abbattere. Su ordine del capo della cupola, al secolo Totò Riina, viene progettato, per il febbraio del 1992, un blitz armato a Roma contro il magistrato e il ministro Martelli, concepito anche per mandare un forte segnale allo Stato.

Il progetto viene rimandato perché nel frattempo maturano i presupposti per un altro assassinio: quello del deputato DC Salvo Lima, ucciso il 12 marzo 1992. Poco più di due mesi dopo si materializza un disegno criminale, tra i più efferati della storia repubblicana. Sabato 23 maggio alle 17.40, Falcone e la moglie, Francesca Morvillo, atterrano all’aeroporto palermitano di Punta Raisi. Da qui proseguono a bordo di tre Fiat Croma blindate, su una delle quali si mette alla guida lo stesso magistrato con accanto la moglie, scortata dalle altre due con dentro sei agenti.

Pochi minuti dopo aver imboccato l’autostrada A29, nelle vicinanze dell’uscita di Capaci, una mano assassina aziona con un radiocomando a distanza 500 chilogrammi di esplosivo, nascosti in un tombino dell’autostrada. Le lancette dell’orologio segnano le 17,56 quando l’istituto di Geofisica registra la tremenda esplosione. Un quarto d’ora dopo arrivano i primi soccorsi e lo scenario che si trovano davanti è agghiacciante: l’asfalto non c’è più e al suo posto c’è una voragine larga trenta metri e profonda otto, che racchiude un ammasso confuso di macerie, lamiere e corpi Catapultata a cinque metri di distanza c’è l’auto di testa della scorta, con dentro i corpi senza vita degli agenti Antonio Montinaro, Rocco Di Cillo e Vito Schifani. Viene trovata spezzata in due l’auto con la coppia che, ancora in vita, viene trasportata d’urgenza all’Ospedale civico di Palermo.

Qui dopo quasi due ore di agonia si spegne Falcone e tre ore più tardi sua moglie Francesca. Se la cavano con ferite e traumi gli altri tre agenti e alcune persone che si sono trovate a passare in quei tragici istanti.

La notizia rimbalza sui TG nazionali e un senso di profondo sgomento attraversò tutto il paese. Allo sconforto di aver perso un simbolo della lotta a Cosa Nostra subentra la rabbia verso i politici, espressa soprattutto ai funerali per le vittime di Capaci, tenutisi nel duomo di Palermo e ai quali partecipa anche il neoeletto presidente della Repubblica, Oscar Luigi Scalfaro. Una cerimonia commossa rimasta impressa nella memoria collettiva in particolare per il messaggio della vedova Schifani rivolto ai mafiosi.

Un’intercettazione telefonica metterà subito gli inquirenti sulla buona strada, nella ricerca di mandanti ed esecutori, individuati in Bernardo Brusca, Bernardo Provenzano e Totò Riina (gli ultimi due catturati rispettivamente nel 1993 e nel 2006). Nel 2012 sarà arrestato il pescatore Cosimo D’Amato, con l’accusa di aver procurato il tritolo utilizzato per la detonazione, ricavandolo da ordigni bellici della Seconda guerra mondiale recuperati sui fondali marini della Sicilia.